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lunes, 31 de octubre de 2016

ESCRÍBEME MEJOR: ALÉJATE DEL EGO



Siempre escribo mis entradas, basándome en mis propias experiencias. Ya sea porque he estado estudiando un tema específico o porque ha ocurrido algo que me hace decidir escribir sobre una situación en particular.


Hace unos días atrás, mi hermana y yo hablábamos de lo mucho que nos disgustan las telenovelas. Fui aficionada a ellas cuando era una niña, corría después de la escuela, tomaba una silla pequeña y me sentaba en primera fila frente al televisor. Hasta que un día comencé a notar el mismo patrón en todas. Y haciendo memoria de esto, comenzamos a hablar de esas viejas novelas y qué habría ocurrido con todos sus actores y actrices. Esto nos hizo recordar a una en particular. Mi hermana me dijo: «Si lo pensás, te darás cuenta que ella fue “ella” en cada papel que interpretó


Y como no soy de las que se quedan con una duda, después usé el maravilloso Internet para darme cuenta que era cierto. Papel tras papel, ella actúo igual en sus personajes: la mujer elegante y rica, la madre posesiva, pero esposa abnegada. La mujer que levantaba la frente y nunca dejaba que la humillaran. Lo que más me molestó, fue ver una y otra vez, que sin importar que personaje tuviera, llámese Cornelia, Teresa o Pancracia, todas ellas eran “la actriz”. (Por obvias razones me omito el nombre de la estimada señora).


Esto me hizo pensar en el encasillamiento que sufren los actores, que durante mucho tiempo, hacen un sólo tipo de personaje. Si se dedican a la comedia, cuando deciden hacer un drama, nadie parece tomarlos en serio.  A excepción de Tom Hanks, quien empezó con comedias tipo “Splash” o “Bachelor Party”… y ganó un Oscar por su papel en “Philadelphia”.


Como siguiendo los eslabones en una cadena, me hizo investigar por el otro lado, los libros. Hasta que llegué a una foto que decía: “No se convierta en su propio personaje”.   El autor mencionó el frecuente error y mencionaba una página en donde después de una lectura concienzuda, llegué a la misma conclusión. El autor aficionado, suele manifestar a través del protagónico su ser. Es como “la actriz”, que sin importar si es Pancracia la Duquesa de Londamondo, es idéntica en características, personalidad, gestos y expresiones a Teresa, la empresaria millonaria del imperio de la moda, que es idéntica a Cornelia, la chica que era sencilla, pero quien con la ayuda de su tutor, se convirtió en toda una dama de casta y alcurnia, (sin olvidar los millardos de dólares a su disposición); con el fin de vengarse de quienes la humillaron a ella y a su familia.


En otras palabras, leí tres o cuatro historias cortas de una chica que escribe para esa página. En todas sus historias, la chica es una quinceañera; vive con sus abuelos, tíos, o una madrina; su madre ha fallecido o se fue. Ella es rebelde pero bondadosa, tiene el cabello largo, ondulado, castaño y ojos color miel (como la chica de la foto). Y llámese Cath, Less o Hardy, ella es, la misma chica en diferente historia.

Google Plus Imagen




Y pensé: “Bueno, esto es porque quienes escriben en esta página la mayoría es adolescente. Utilizan la escritura como una manera de escaparse de su rutina creando en su mundo imaginario, otros panoramas, una mejor escuela, mejores amigos, y por supuesto un mejor novio, o dos o tres…”


Luego me recordé a mí misma como adolescente. Mi primer intento de novela fue a los once años de edad. Y escribí sobre un chico adolescente de dieciséis acusado de matar a una compañera de escuela. Sí, muy parecido a mí. ¡No! para nada. Ni siquiera la muerta se parecía a mí. Recordé mis otros escritos, y descubrí que ninguno era una versión mía; más adelante explicaré el por qué mi caso fue distinto.


Esta entrada es una forma de orientarnos a saber qué no hacer con nuestras novelas. Y el error número uno, es que nuestro protagonista sea una extensión del “YO”.

Cuando tomamos a un personaje, y plasmamos en él/ella nuestra personalidad, y hasta nuestro físico, nuestro entorno familiar o experiencias sociales, podemos cometer el grave error de volver aquella escritura, una queja o crítica desmedida: La chica se convertirá no sólo en una rebelde, sino que sus padres serán unos ogros; incapaces de comprender porque ella, a sus quince años, no puede mudarse con su novio de veinte. Sus padres son los peores del mundo y ella, únicamente es un alma que merece dar y recibir amor.


O… hacemos del antagónico a nuestro jefe que odiamos a más no poder, (o un familiar X, llámese suegro o el vecino metido), nuestro personaje sufre las peripecias que aquel fulano le hace sufrir. En donde vemos a nuestro héroe o heroína con el deseo interno de querer librarse o vengarse de semejante engendro.

Cuando nos colocamos o basamos en nosotros mismos de lleno, para crear nuestro personaje, perdemos la perspectiva, como cuando ocurre en la vida real. No podemos ser objetivos y creíbles. No miraremos más allá de las narices del protagonista, que es un reflejo exacto de cómo nos sentimos o somos en determinada situación. Y esto nos hace crear, a los antagonistas u otros personajes con esa misma estrechez de visión. Haciendo todo un culto al ego.


Analicemos:

YO=Personaje principal                

Es cuando tomamos a nuestro protagonista y le calzamos aquello que nosotros pensamos o creemos. En este caso, es la conciencia moral, religiosa, creencias políticas, sociales y hasta emocionales. A esto le sumamos nuestra forma de hablar, los dejes y muletas que usamos para expresarnos, les damos un gesto muy propio nuestro, y terminamos dándole hasta rasgos (mejorados o no) físicos nuestros.

Ese personaje es yo mismo, con otro nombre, en otro entorno, pero con los mismos temores nuestros. Comete los mismos errores que hemos cometido y toma las mismas decisiones que hicimos ante esos hechos. 


El problema con un protagónico de este tipo, es la falta de objetividad a la hora de hacerlo realizar acciones. Nunca querremos que tome malas decisiones (porque “yo” no lo haría), y todo su entorno se ve limitado en nuestra experiencia, siendo nosotros, los autores incapaces de hacerlos caer en el ridículo, la vergüenza o el dolor. No así con los demás personajes, sobre todo, si a estos los hemos basado en personas que “son los artífices” de nuestras penas. A ellos sí, les provocaremos las peores vergüenzas, malas leches, y la venganza… la más espléndida e innimagible.


YO+Personaje: Sin objetividad.

Como explicamos anteriormente, basar nuestro personaje en un Yo-completo, puede volver nuestro texto irracional. El resto de los personajes serán muy estereotipados, no proporcionándoles el balance adecuado, del bien y el mal. Ya hemos expuesto en otras entradas, la veracidad de los personajes y los antagonistas, en donde todos deben de ser buenos y malos a la vez; como ocurre en la vida real.


Si basamos un personaje, por ejemplo, en Cenicienta, en donde ella es todo candor y la mala-perversa es la madrastra, ¿Cómo sería si nuestra personalidad fuera más como esta mujer y escribiéramos esta historia? Definitivo que sería distinta. Explotaríamos las deficiencias de Cenicienta y justificaríamos todas las acciones de la madrastra mala. Y eso ocurría mucho en los cuentos de antaño. Cuando los personajes buenos eran perfectos, y los personajes malos, eran malvados al extremo.

La literatura actual, demanda otra cosa. Es por ello, que perder esa objetividad, hará que el lector se sienta defraudado de la historia, aunque llegue a amar al personaje principal. Y lo que deseamos todos, es leer buenas historias. Al menos, esa clase de lector soy yo.


Cuando el personaje-yo funciona: Muchos pensaran que es imposible crear un personaje –yo funcional. Pero, siendo honesta, esa fórmula no aplica para todos.


Por poner un ejemplo, “Peter Pan”, obra teatral (antes de ser más famosa por Disney), de James Matthew Berrie , tenemos como personaje principal al niño que nunca envejece, y a Wendy, su muy buena amiga. Es una obra conocida por todo el mundo, representada en muchas películas, cortos y dibujos animados. Se puede declarar que fue Peter Pan, la obra más aclamada del escritor escocés.


Muchos están de acuerdo que Berrie, basó su personaje de Peter Pan, en los traumas que el sufrió desde niño: el adulto que no quiere crecer, el niño que sólo busca ser aceptado, y la necesidad de encontrar una familia. Hasta Wendy, su interés amoroso cuando ella era niña, al final de la historia, se convierte en una mujer adulta, y asume el papel casi de madre para Peter. Todo en Peter Pan, tiene relación con alguna experiencia de Berrie en la vida real.

Claro, Berrie tuvo un buen elemento al escribir esta obra; logró crear algo que durante épocas ha sido catalogo adecuado para niños; pero que en la vida real fue un manifiesto con más implicaciones para adultos, como ser la analogías de las diferencias en las clases sociales y económicas. No notadas en las versiones infantiles, por supuesto.


Pero Berrie, sufrió mucho porque su vida fue expuesta, a tal punto, que llegó a maldecir a quienes intentaran hacer biografías de su persona. Él abrió una puerta y luego no quiso verse expuesto. Y esto suele ocurrir, cuando un autor, desnuda en un personaje o un libro todo su ser. Al final, el frio y la vergüenza serán evidentes. Berrie expuso de forma lírica sus traumas, complejos y deseos escondidos, y otro grupo, menos condescendiente, ha buscado y rebuscado hasta situaciones inexistentes en la vida del autor. Suponemos que la fama, siempre cobra de alguna manera.


TÚ sello-Yo Partido:

Seamos honestos. Es muy poco probable, casi imposible, que un autor no le ponga un sello propio a sus escritos. Escribirá aquello que le agrada y se siente cómodo con los personajes. Hacerlo de otra manera, es una enorme pérdida de energía y tiempo.

Y es saludable hacerlo. Porque al final, es como el refrán, “Damos, lo que tenemos”.  Escribir es también desarrollar, ampliar y expandir  algo que hemos vivido. Es mucho más fácil escribir sobre lo que conocemos. Y esto produce un sentimiento de veracidad.


No es incorrecto, proporcionar fragmentos propios a nuestra historia; pero no debemos concentrarnos en un sólo personaje para hacerlo. Así como dividimos nuestro pastel de cumpleaños y todos comemos felices, podemos hacer lo mismo con nuestros personajes.

Al protagonista podemos darle una cualidad nuestra, pero nunca nuestra personalidad. Si somos amantes de los animales (como yo lo soy), él o ella puede también serlo. Y a nuestro antagonista, ofrecerle esa parte no tan generosa. En mi caso, no cualquier cosa me satisface o asombra, por lo que algunas personas pueden catalogarme como “indiferente”. Y esa deficiencia la implemento en los defectos del antagonista u otro personaje de la historia. 


En mi caso personal, no consumo carne y estoy en contra de cualquier maltrato animal; pero no por ello, mis personajes son como yo. Ellos comen carne, y algunos han sido cazadores. No me ha sido agradable escribir, lo delicioso que estaba ese pedazo de cordero (y buscar en Internet, alguna receta para saber de qué estoy hablando), o describir como se ha cazado, matado y consumido un animal. Pero cuando escribo, ese personaje no soy yo, aunque tenga alguna virtud o defecto que yo misma tengo. Él o ella son seres diferentes y únicos,  ellos crecerán conforme a la historia avanza. Al final, los personajes son como los hijos, salen de sus padres, pero son seres independientes y únicos.


Él no es YO:

Aprenda a desligarse de sus personajes. Ellos son y deben ser diferentes a lo que somos. Sería terriblemente aburrido leer vez tas vez, la misma caracterización con diferente nombre. Como dijimos sobre aquella actriz, es terrible la repetición. Leer al mismo personaje, en diferentes libros de un mismo autor, me hará pensar que sigue hablando de sí mismo.

Como expresé antes, aprenda a escribir sobre aquello que no lo representa. Si no fuera de esa manera, no tendríamos libros como “El Dragón Rojo”, porque no creo que su autor sea un caníbal en la vida real. Ni tendríamos historias como “Frankstein” o “Entrevista con un vampiro”.


Y si ponemos los pies en la tierra en nuestras historias, cuántos de nosotros podríamos escribir vez tras vez, la misma ordinariedad de nuestras vidas y hacerlas emocionantes, creíbles y entretenidas. Para ello debemos adicional el factor imaginativo. Escribir de un barco pesquero que es atacado por una ballena, o el hombre naufrago que se pierde en una isla solitaria, o el hombre de mente superior que resuelve enigmas. 


La investigación es una parte fundamental para un escritor, debe ser casi un arqueólogo para desenterrar los tesoros. No sabe nada de medicina, pero no por ello significa que sea incapaz de escribir sobre la vida de un médico, tampoco ha trabajado como carcelera, periodista o futbolista; puede escribir de vaqueros del 1865 o un hipernauta del siglo XXIV, y hacer de esa historia creíble. Amplíe sus conocimientos, tenga curiosidad por saber y el mundo de posibilidades para sus personajes también va a crecer.


¿En qué basas a tus personajes? ¿Cómo haces para que sean creíbles?

Si tienes algo que comentar a esta entrada, nos encantará saber tus impresiones. Dejanos saber que más nos puedes aportar, como siempre, estoy aprendiendo y es genial que aprendamos unos de otros. Tu experiencia nos enriquece a todos.


Apoya este trabajo, compártelo con aquellos que crees que les puede ser útil. Y si te ha gustado, no dejes de seguirnos en las redes sociales y suscribirte. Seguimos trabajando en aprender a escribir de mejor manera, me gusta compartir lo que aprendo y mis experiencias en este bello arte.

viernes, 14 de octubre de 2016

Los POV y la voz narrativa



Nos sentamos frente a la página en blanco, sea un agradable cuaderno, hojas sueltas o la pantalla de un computador. Tienes una idea para una historia, esa que no te ha dejado sin pensar en ella durante días, también ya tienes bien pensados y casi desarrollados a tus personajes, y hasta has realizado un boceto de la trama que irás contado.

¿Pero, cómo vas a contar tu historia?

lunes, 10 de octubre de 2016

CÓMO CREAR VILLANOS CREIBLES 2/2


Si has seguido la serie, concluiremos con esta entrada en este tema. Sino, o quieres refrescar tu memoria, te pido que también leas las primeras entradas de esta: La motivación de tu villano ¿la conoces? y Cómo crear villanos creíbles 1/2.

Hoy concluimos este interesante tema, con lo que no debemos hacer con nuestros villanos.

Antes de entrar de lleno en el tema, debo recordarte que toda la información de personajes y autores, están enlazados a Wikipedia, por si deseas conocer un poco más sobre ellos.
Hagamos un poco de historia: En países hispano-parlantes estamos influenciados por lo que se le conoce como telenovela o sólo novela en la televisión. Empresas se dedican a producir una telenovela y si tuvo éxito, vuelven a hacer una nueva adaptación de ésta con otro nombre para las nuevas generaciones. Y fue ahí en donde yo descubrí a la “mala de la novela”, esa mujer que vivía sólo y exclusivamente para hacerle la vida de cuadros a la chica pobre, humilde y bella que el galán amaba.

Y esto me hizo detestar las telenovelas. Por alguna extraña razón, a mi temprana edad de ocho años, pensé en que eso no era posible. Nunca mostraban ningún ápice de humanidad, por nadie, sino sólo un amor enfermizo por el amado o el hijo. Fue hasta que miré “Yo soy Betty, la fea” que descubrí a una antagonista más humanizada, en Marcela Valencia, la novia de Armando Mendoza. Porque ella, era una mujer insegura que amaba mucho a su novio, pero que al mismo tiempo, deseaba mantenerlo sometido a sus caprichos y se cegaba por los celos; porque él no era tampoco monedita de oro. Al final de la historia, vemos su debilidad y su naturaleza humana con todas sus inseguridades. Pero la pobre de Betty, se vio rodeada de muchos antagonistas, que aunque le hacían la vida insufrible, ellos mismos pasaban sus malos ratos. Menos, Mario Calderón, quien ese era malo por natura y todo parecía irle en rueditas…

Conclusión, cada antagonista tenía sus virtudes y defectos. Y por ello, la telenovela rompió con todos los records de audiencia, ganando inclusive un puesto en el Guiness Record. Lo que hizo que se hicieran diferentes versiones de la misma en países tan lejanos (de Colombia), como Rusia, Francia o Japón, cada uno haciendo su propia versión de la afamada telenovela. Su triunfo fue que las personas se identificaran con los personajes, y no únicamente con la protagonista. ¿Quién no se ha sentido feo alguna vez? ¿O quién no ha recibido una llamada de la agencia de créditos? ¿Temor al fracaso? ¿Sufrido o hecho algún acto de infidelidad?
Pero, también estamos rodeados de errores a la hora de presentar a un antagonista; por lo que hay que evitarlos a toda costa, aunque lo veamos con frecuencia en libros, telenovelas o películas.

QUE NO DEBES HACER CON TU ANTAGONISTA
Aunque los villanos son importantes para mantener el suspenso o la intriga en la historia, y porque los héroes (ella y él o ellos, etc.) necesitan una oposición para lograr sus objetivos, el villano no es una pieza móvil o de decorativa en la historia.
Recapitulamos: El villano tiene una parte importante en la historia y debe ser tratado con el respeto y dedicación como lo hacemos con los protagonistas.
1-DARLE DEMASIADA IMPORTANCIA AL VILLANO - Si no estamos escribiendo sobre un antihéroe, lo mejor es mantener al antagonista un poco por debajo del protagonista. Si el villano tiene las mejores frases, las escenas más épicas, más memorables, tendremos un personaje con demasiado peso en la mente y atención del lector. Es indispensable, que el guarde su espacio, sin invadir el del otro.
Por poner un ejemplo, (con el perdón de J.J. Abrams, a quien admiro); en la película StarTrek: Into darkness, el personaje de Khan, opaca al personaje del Capitán Kirk, que comete error tras error durante el film. Las intenciones de Khan, parecían justificadas con los mejores diálogos, tanto que al final del film, el propio Kirk, hace uso de la frase: “Bienvenida a la familia”, a una nueva tripulante, cuando antes, durante todo el film, no hizo mención o actúo con ese pensamiento. Al contrario de Khan, que le interroga: “Mi tripulación es mi familia ¿Acaso hay algo que tu no harías por tu familia?


2-SU VILLANO NO DEBE PORQUE SER UN PERVERTIDO – Volvemos a mencionar, que a no ser que escriba sobre un sicópata, su villano no debe porque tener todas las manifestaciones que la sociedad rechaza. En las historias épicas, es común dotar de esas extravagancias al villano. Que no le falta asaltar a la villa, violar a todas las mujeres, sin importar ni la edad, para terminar quemando a todos vivos metidos en la parroquia. O que hace orgías a doquier, con quien sea y donde sea. Se bebe la sangre de sus víctimas en sus propios cráneos, etc., pero es algo que el género acepta. Pero si nos volvemos a la época actual, es el que no le importa sacar de su casa a una familia en pleno invierno por no poder pagar la renta. Bueno, de estos los hay, pero si a eso le sumamos que insulta, ofende a la mujer, la manda a la cárcel y la separa de sus hijos con la ayuda de la asistencia social…A menos que ella ceda ante sus perversidades… la cosa cambia ¿no?
Recordemos que según la historia, la intensidad de las intenciones del villano o antagonista, así será su personalidad. No todos pueden ser un Calígula o un Vlad Tapes, si se supone es una persona “normal”. Un personaje como Patrick Bateman de “American Psycho”, novela de Bret Easton Ellis, es digno de estudio. Por su complejidad, no porque al autor se le plació hacerlo malo porque sí. Era una persona sicópata y lo vemos transformarse a lo largo de la novela, narrada en primera persona, haciendo que te metas en la mente desquiciada del personaje.
3-CUANDO LO QUE HACE EL VILLANO ES OBVIO – La simpleza en el villano no es del agrado de nadie. Si este envenena al padre de la novia, y fue el último en verlo. ¿No sería el primer sospechoso?  Recordemos que el villano/antagonista debe ser complejo en el sentido que sus maldades son “bajo la mesa”, sobre todo si usamos a ese villano como el amigo hipócrita del protagonista. Cuando es un antagonista de frente, ese que no teme poner su oposición de manifiesto, debe emplear el recursos del camuflaje, es decir, dar información que resulte escondida al ojo del lector, pero que está ahí. Tanto el protagonista como el lector, pueden ir atando cabos, y no como una verdad revelada que no sorprendería a nadie.
4-ANTES DE QUE TE MATE…TE CONTARÉ TODO - Esto nos lleva a esta parte, cuando el antagonista se confiesa ante sus víctimas. Eso yo aprendí a detestarlo en las telenovelas, la mala acorralaba a la heroína y a punta de pistola, le decía todo lo que había hecho, y lo que pensaba hacer para deshacerse de ella y como se quedaría con el chico de la novela, diciéndole que estaba embarazada. Quizá por la influencia que tenía con la serie de dibujos animados de Scooby Doo, donde al final de cada episodio, el malo confesaba sus crímenes, terminando con la frase: “Si no fuera por estos chicos…”, esas dosis de honestidad en el antagonista me parecían antinaturales y metidas con calzador.
Su antagonista no está en el confesonario, no debe dar las razones de su odio, porque su mamá no le compró aquel helado en el verano del 1999, tampoco debe exponer sus rabietas o temores ante sus “enemigos”. Nosotros, como personas normales, no les damos esas herramientas a las personas que sabemos que no le somos de su agrado o pueden tomar ventaja de esa debilidad. No vamos a la oficina del jefe de RRHH y le decimos: “Los informes de contabilidad, me los hace Domínguez, porque a mí me da pereza y él es un mandado”, tampoco debería pasar en las historias. Para ello existe el recurso de la narrativa, los flashback y los giros argumentales que nos sirven para sacar a la luz, esos detalles que nos hacen comprender porque ellos son como son.
5-EL VILLANO DE TODA LA VIDA – Las historias están plagadas de los mismos antagonistas de siempre. Sobre todo en las novelas con inclinación romántica, dramáticas o distópica. El malo de la historia es el/la amante celos@, la hermana envidiosa, el jefe déspota o el líder ególatra. Sí, sé que de eso está plagado el mundo y pareciera que no podemos evitar caer en los mismos patrones. Sin embargo, hasta lo común puede volverse diferente e inclusive extraordinario. Para pensar en un antihéroe (él es su propio antagonista) es el personaje de Jean-Baptiste Grenouille, del libro “El perfume” de Patrick Süskind . Es un simple joven criado en la pobreza, que se obsesiona con el olor de las cosas, tanto que se convierte en un asesino recolector de aromas. ¿Sigue siendo un simple chico? Sí, lo es. Pero es su personalidad y su cualidad lo que lo hace extraordinario. Para las historias alejadas de lo fantástico, esas mismas personas, deben de poseer una personalidad que no resulte común, la hermana envidiosa no debe estar sólo llena de amargura; puede ser una mujer de una gran belleza, pero es insegura. Sin embargo, tiene talento para el canto y es dama voluntaria. Crear esos contrastes del yin-yan en los personajes, los vuelve atractivos. Recuerda, el antagonista no sólo vive para hacer maldades, también tiene una vida propia y quizá tiene cualidades que únicamente manifiesta con un grupo reducido. Un ejemplo de esto, es el Sr. Brooks, que es un asesino en serie, pero lleva una vida familiar bastante común.
6- QUE LAS RAZONES TENGAN PESO – Como mencioné antes, el antagonista debe de tener razones de peso para sus acciones. Sobre todo, para aquellos con grandes planes de venganza. Esto toma tiempo, energía, ponerle mente y planificarlo para que sea ejecutado de la forma, que el antagonista, este satisfecho. ¿Pero qué si al final, el lector se entera que su ira contra el protagonista, es porque antes fueron amigos y se separaron al salir del bachillerato? Debe existir algo que justifique esas acciones en la medida de su ira. ¿Su odio es por la humanidad? Justifíquelo. No nos olvidemos de Hannibal Lecter, personaje de las novelas de Thomas Harris,  su odio por las personas fue producto del sufrimiento que fue sometido siendo un niño, y la tortura que pasó en manos de personas que fueron tan malas como el mismo terminó convertido. Hay historias que las razones de la maldad están justificadas por la codicia, la ira, los celos, la ambición desmedida y ansias de poder, esto combinado hace de un malo, un malvado. Si su antagonista es un abogado que mete en líos a su compañero de leyes, porque anhela ese puesto, es válido, pero si se suma que está secretamente enamorado de la chica de su rival, justificará mucho más sus maldades. Recuerde…


7- CUANDO EL VILLANO SOBRA – A veces una historia no tiene un antagonista principal, sino una serie de opositores a que los planes de los protagonistas se realicen como ellos esperan o desean. Hay personajes que son un lastre a que el protagonista evolucione, y le colocan muchas trabas, que le impiden avanzar a su meta. Pero a veces, también cambiamos a esos antragonistas, de tal manera que se convierten en otra cosa, muy fuera de lugar de la historia. Como comenté anteriormente, la vecina chismosa, que termina siendo una asesina sicópata que desea matar a la protagonista. Cada antagonista u opositor debe de tener una razón. El antagonista es como el hule de resorte, retiene por un tiempo pero servirá para catapultar la historia y al protagonista a otro nivel. Si solo existe para hacer oposición y el héroe no avanza nada, no aprende nada y todo sigue igual, elimine a ese opositor. Reinvente otro, dele un giro al porqué existe, pero no lo deje ser igual. A la roca en el camino, se le rodea, se le atraviesa o se le salta, no se queda uno contemplándola esperando que se mueva sola.
8- EL VILLANO QUE JUSTIFICA AL HEROE/HEROÍNA – Es ese personaje malvado u hostil, que sólo funciona para resaltar las virtudes de los protagonistas. Es la prima malvada que envidia la belleza y el candor de la joven, el amigo envidioso de los talentos deportivos de su amigo que aborrece en secreto. Y los dotamos de todos los defectos posibles, para que nuestro héroe brille por luz propia. Si debemos colocar a nuestros protagonistas a la par de un defectuoso para que brillen, significa una sola cosa, no hay grandes virtudes en ellos dignas de admirar. Hay que usar otros recursos narrativos para sacar a la luz esas cualidades novedosas en los protagonistas, pero nunca usar el recurso de poner a un feo, al lado de la bonita.
9-EL VILLANO DEBIL – El punto anterior, nos lleva a esta nueva discusión. Nunca usemos al villano para demostrar la superioridad del protagonista. Este merece un digno contrincante a quien enfrentarse. Si el protagonista con una mirada o una palabra, hace temblar al villano, pensaremos que solo se trata de un bufón. El villano debe tener cualidades y habilidades iguales, o superiores, al protagonista. Los villanos son personajes que siempre han demostrado dos cualidades: Perseverancia y Astucia. Ellos sin importar un fracaso, lo tomaran como aprendizaje, para desarrollar sus tácticas. Porque ellos se defienden como gatos panza arriba. Recuerde que un villano guarda un as bajo la manga, y la usará cuando la necesite.
10- USAR EL DEUX EX MAQUINA – No juegue con la inteligencia del lector. Si su villano tiene planes, deben ser coherentes. Ese as bajo la manga no aparece de la nada. No resuelva tampoco por arte de magia, los conflictos entre el protagonista y el antagonista.  En algunas ocasiones, la historia no resuelve un conflicto, ya sea porque se piensa continuar una serie, o porque el autor decide que el mismo no se resuelva. Como por ejemplo que el asesino nunca sea capturado. Pero todo debe de tener un cierre, es decir que aquello que debe ser cerrado se haga. Si el personaje tiene un conflicto con su padre abusador, este quizá no se arrepienta, pero el protagonista puede continuar su vida, sin que las heridas del pasado le afecten para destrozarlo, si es que termina en redención. O por el contrario, que ese mismo trauma, se vuelva en contra suya.

HAGALO BIEN

Como consejo final, recuerde que debe investigar mucho sobre su villano/antagonista/opositor. El tiene un puesto importante dentro de su historia, es quien hace que su protagonista pueda desarrollar sus cualidades, puede incrementar el “vértigo” en la historia y evocar emociones impensables en el lector.
Tómese el tiempo para conocer a su antagonista, véalo como una persona real, tanto como ha imaginado a su héroe. Sea como un sicólogo frente a él/ella. Medite sus acciones, remueva el suelo, vaya a la raíz. Solo así podrá estar seguro que lo que escriba de ellos, es exactamente lo que ellos harían.
Los personajes antagónicos, pueden ser muy entretenidos de crear. Sobre todo si sus personalidades son atrayentes por alguna cualidad. Yo siento enorme atracción por las mentes brillantes y las personalidades seguras. Pero si a esto le sumamos, maldad extrema, mi admiración se convierte en temor. Su rol es mostrar las flaquezas del hombre y que todo ello siempre trae consecuencias, a veces, no agradables.

¡SORPRESA!
Para ayudarte a crear un excelente villano y que no olvides nada, te ofrezco la oportunidad de descargar gratis una plantilla de dos hojas para que imprimas y puedas crear una ficha de tu personaje, con la información más relevante.
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Si te ha agradado esta serie, me sentiré muy agradecida que me regales un comentario en la caja de abajo, así como que compartas en las redes sociales, esta entrada para que otros tengan la oportunidad de conocer estas técnicas de ayuda a la escritura de personajes. ¿Y tú, que piensas? Cuéntanos tu experiencia con los villanos, y cuales son aquellos que te han marcado.
No olvides que estoy en las redes sociales, si gustas puedes ir al icono al inicio de la página y suscribirte a ellas. Sigo preparando temas de interés para los que queremos aprender más en este arte tan hermoso como lo es la escritura y así podemos aprender juntos.
Hasta la próxima, ¡Nos leemos!

viernes, 7 de octubre de 2016

CÓMO CREAR VILLANOS CREIBLES 1/2



En este blog, comparto un poco de mi propia experiencia en este mundo de la escritura, por si no lo sabes, pero aquí no publico nada de lo que escribo, y mis proyectos personales son casi exclusivos para mí misma. Pero uno de los puntos que siempre tuve mucha curiosidad, era en cómo debía ser un villano

Mi primera novela, la escribí a los dieciséis años, en ella el villano ya había fallecido, por lo que el protagonista lidiaba con el “legado” que aquél había dejado; pero (spoiler) *el villano no era tan malo, sino incomprendido por el protagonista*, mi tendencia es escribir más acerca de que el antagonista es uno mismo, con sus temores y conceptos errados de la vida. No sé de dónde vino la influencia. Siempre lo he dicho, escribo casi por intuición, ya que en aquél entonces, no tenía más acceso a la información que encontraba en un libro de redacción y un diccionario. Pero siempre pensé que el protagonista nunca debía ser perfecto y el antagonista, nunca ser cien por ciento malo.

Cuando hemos decido escribir sobre un antagonista (posiblemente lo llame malo, villano o malvado), que no es ambiente/influencia/circunstancia, sino una persona con un nombre y apellido (o un engendro que se le nombra como “ESO”), es ahí cuando debemos sentarnos a pensar y meditar mucho sobre ese “villano”.

En una entrada anterior «La motivación de tu villano», nombramos algunos de los tipos que existen. En esta ocasión trataremos de recapitular lo que hemos hecho en la propia experiencia y lo que los profesionales recomiendan.



 En otras palabras, nuestros villanos deben ser reales como lo somos nosotros mismos, dotados de defectos y virtudes.

EL VILLANO NO ES TOTALMENTE UN MONSTRUO


La frase se entiende sola. A menos que el villano sea un demonio, un ente extraño o un virus mortal, el resto debería mostrar en alguna ocasión, aunque sea sutilmente, un acto de humanidad. Él puede ser un asesino en serie, pero ama a su madre y cuida de ella. Es un déspota arrogante, pero es apasionado de las flores. O como actualmente escribo, ella le es infiel al marido, pero es leal a la empresa para la cual trabaja.

INFLUYELE TU PROPIA EXPERIENCIA


Muchos de nosotros hemos lidiado con nuestros propios puntos oscuros, ya sea porque otros han actuado de forma negativa o porque nosotros lo hemos hecho; y no nos convertimos en seres horrorosos (espero). ¿Pero, qué hubiera ocurrido si hubiéramos sucumbido ante esa tentación o maldad? ¿Cómo seriamos si no controláramos nuestra ira, rencor o falta de perdón? Esto nos ayuda a ir desarrollando a un personaje que pasa de “normal” a “villano”, o nos sirve para explicar por qué nuestro antagonista es como es. También esa experiencia con personas no tan gratas, nos pueden servir de inspiración, tomar de aquí y allá hasta lograr un personaje detestable a los ojos de cualquiera.   J.K. Rowling, ha hecho esto y lo confiesa en su página, en inglés, (amplía el artículo aquí) y como se inspiró con muchos personajes para su saga de Harry Potter. Y en este caso, ella “tomó prestado” características de dos mujeres que conocía, y no le agradaban, para crear a Dolores Umbridge.

EL MALO QUE SÍ ES MALO


En ocasiones, dependiendo el tipo de historia, existe un malo que no tiene un origen claro de su maldad.  Esto se puede recomendar para historias de terror, fantasía, ciencia ficción; cuando ese personaje no es “humano”. Entonces podemos depositar en él todas las características propias de lo que consideramos maldad. Para otro tipo de novelas, dramas, policiacas, etc., en el caso que sea un humano, le ocurren dos cosas: Existe un disparador en su pasado o tiene una enfermedad mental.  En el libro de Stephen King titulado La milla verde, los personajes de William “Billy The Kid” Wharton* y Percy Wetmore, no parece existir una razón clara para esa profunda maldad en ellos, pero es evidente que no son muy cuerdos de la cabeza. *Hay una nota en William, alguien editó su ficha, con una broma evidente hacia el Sr. Trump. (No lo llamaré malvado, sino ocioso)*

NACIDOS PARA LA MALDAD


Siguiendo con esta línea, podemos hablar de los villanos que parecen haber nacido para ser malos. Han sido criados en ambientes armoniosos, con límites y libertades equilibradas; pero hay algo en ellos que los hace capaces de grandes atrocidades.  Como fan de ID (Investigate Discovery) me veo tanto programa que hable acerca de esto, como “Nacidos para matar” o “Índice de Maldad”. Y en ocasiones se ve que una persona “quiso” ser mala. Pero, en la realidad, los niños nacen inocentes, y es alguna cualidad mal encaminada la que desborda a una personalidad maléfica en los casos extremos. Así como la confianza en nosotros mismos, en un nivel demasiado elevado, nos puede volver seres despectivos y arrogantes con otros, ser puritanos nos convierte en intolerantes, o el amor propio se vuelve en vanagloria o vanidad. Recordemos que ser malo, no necesariamente es “matar”, puede ser la persona que busca beneficiarse con algo que hace contra alguien. Hay personajes maléficos en las historias, que no necesariamente asesinan a alguien, pero son manipuladores, mentirosos, vanidosos, etc. En mi caso, volviendo al tema de la novela que escribí en mi adolescencia, me basé en un versículo bíblico, para dotar de esa personalidad a los “malos” de la historia, ya que ellos eran siete.



En otras palabras, el malo que ha elegido ser malo. Y de estos está llena la literatura, tan malvados como Alex DeLarge, de “La naranja mecánica”, quien durante todo el libro de Anthony Burgess, cometé una serie de atrocidades por aburrimiento, andar de compinche o drogado. O el antihéroe (otro tipo de maldad), pero siempre defectuoso, como lo es Dorian Gray, de la famosa obra de Oscar Wilde, quien inicia como una persona normal. Pero desea algo que parece inofensivo, conservar su hermosura y juventud. Al final ese deseo lo lleva a cometer actos de lujuria, excesos y hasta el crimen, para tener un final trágico.
 
¿QUÉ PROPONEN LOS EXPERTOS PARA CREAR UN SÚPER VILLANO?                 
Antes que nada, pensemos que los villanos clichés, esos que se la pasan haciéndole la vida de cuadritos al protagonista, como “la mala de la novela”. Si te acuerdas de un@ de ellos, ¡alejate!
Aunque sabemos que el antagonista de la historia, es un eje principal para que esta no se vuelva monótona o aburrida para la vida del protagonista o los secundarios a quienes también fastidia, no debe ser quien, a cada vuelta de la esquina, esté planeando sus perversos planes, como quien hace la lista de regalos de Navidad. Sus maldades, deben tener una razón.

Ese “Te odio, porque te odio” no vale. Si hace algo es porque hay una causa justificada. No va a matar a alguien porque sí (a menos que sea un sicópata), sino porque esa persona es un “peligro inminente” para sus planes o sabe algo importante. Hay que aplicar la ley de Newton: “Toda acción, tiene una reacción”.
Los más eruditos y expertos que yo (porque sí han publicado bestseller), aconsejan:

  • ELIJA UN MODELO DE ANTAGONISTA: Cuando comienza a escribir sobre su protagonista, debe tener claro qué clase de antagonista tendrá. Debe elegirlo si éste va a ser quien se le oponga de frente, o por el contrario, es el amigo hipócrita, de quien desconoce sus maléficos planes. Tome el tiempo para desarrollar al malo, tanto como lo hace con el bueno.
  • CREE AL PERSONAJE: Dótelo de todas las características necesarias para su papel. Tiene un pasado, planes, virtudes, defectos, cuáles son sus debilidades, sus manías. Cuáles son sus gestos comunes, sus frases selectas, o que inclinación de pensamiento tiene. Dependiendo de su historia, el villano tiene sus limitaciones. Recuerde que si escribe acerca de una distropia, el villano deberá ser tan poderoso, porque el héroe por lo general desea romper el ciclo de ataduras impuestas por un líder o gobierno; pero si escribimos una historia dramática, una historia costumbrista o una novela rosa, la oposición vendrá en otra medida, ya sea un jefe déspota, un rival amoroso o la vecina metida y chismosa. Su personaje debe ser coherente a la historia.
  • DEFINA SUS MOTIVOS: Es indispensable que sepa qué es lo que piensa y siente su personaje antagonista. Porqué hace lo que hace. Cuáles son sus motivaciones para actuar y reaccionar de determinada manera. Pero sus motivos deben de ser creíbles. Olvídese de que su motivación de venganza, es porque la chica linda, prefirió al protagonista para el “PromBall”. La razón debe pesar tanto como su índice de maldad u oposición al bueno de la historia. Recuerde que el lector, puede conocer las intenciones del antagonista (sino es un relato en primera persona, o testigo), y sus acciones y pensamientos, le deben ser reales. Deben inspirarlo a preocuparse, angustiarse, al considerar las consecuencias de lo que él/ella piensan realizar. Sobre todo si se ven amenazados o temerosos.
  • PERSONAJE CREIBLE: A esto se suma, que su personaje, sobre todo si es un antagónico muy fuerte (personalidad) también tiene debilidades, responsabilidades, etc. Olvídese del malo que tiene todo el poder y el dinero del mundo, y se opone con su súper poderío, si usted no es capaz de justificar esas riquezas y poder. Recuerde, que si su personaje es un simple mortal, tiene necesidades de comer y dormir; también se enferma y se siente cansado. Un enemigo que parece ser súper humano, sólo se aceptan para historias de ciencia ficción y fantasía. Y aún los dioses del Olimpo, tenías flaquezas.
  • NO TEMA EMPATIZAR CON SU VILLANO: Impregne a ese personaje, su propia experiencia. O de gente que conoce, busque esas cualidades negativas y suba su intensidad. Aunque no nos guste asociarnos con la maldad, el acercarnos a ellos con esto, lo hace más creíble. Inclusive hasta más intimidantes, porque el lector reconocerá en ese personaje sus propias debilidades y “pecados”. También recuerde que el antagonista expone las debilidades del protagonista, use ese material para que el lector sienta que es algo “en contra suya”, y esto hará que sienta antipatía por esa figura. También un recurso válido, es dotarlo de algún encanto en particular, que el lector se sienta atraído por esa personalidad, pero recuerde que siempre debe de existir el rechazo del lector ante esa personalidad maquiavelica. Mantenga el equilibrio.
  • EL ANTAGONISTA SIEMPRE SE JUSTIFICA: Sin importar sus acciones, para el villano, hacer determinada acción es porque “el fin justifica los medios”. Para él o ella, todo vale. No se ven a sí mismos como personajes malvados, sino incomprendidos, rechazados, más inteligentes, no valorados, los más genios, etc., etc. Él tiene una meta, y por lo usual, son persistentes hasta lograrlas, las consecuencias no son acciones medidas. Las ven como riesgos que se toman, sin importarles poco o nada, los daños colaterales.
  • EL VILLANO TIENE SU PROPIA VOZ: Cuando elegimos a un antagonista en la historia, su vida, sus motivaciones, etc., no deben de girar sólo a como lo ve el protagonista bueno. Use la propia voz del antagonista para darse a conocer, use en la narrativa los hechos desconocidos para el protagonista, estos son buenos recursos para mantener a ese antagonista oculto; pero a la vista y asombro del lector. Recuerde la norma del suspenso: Saber que algo va a pasar, pero que el protagonista desconoce. Mientras más muestre al lector al antagonista, más se sorprenderá de las acciones correctas o erradas que haga el protagonista en relación a él/ella.
  • CUAL ES EL FIN DE SU ANTAGONISTA/VILLANO: Debe de tener claro, cuál es el destino que le depara al final de su historia. ¿Cómo es vencido? ¿O, se sale con la suya? ¿Quién lo vence, su propia maldad o es derrotado por su protagonista? Hay un giro en El Señor de los anillos, cuando El señor de los Nazgul (Rey Brujo de Agmar) es derrotado no por el poder la magia de Gandalf, la valentía de Aragorn, el hacha de Gimli o las flechas de Legolas. Él es vencido por Eowyn, una mujer, alguien que el lector no esperaba; pero que sí tiene sentido ante la frase: “No existe hombre capaz de matarme”, como se argumentaba en la historia.  Sin importar el fin, el mismo debe ser válido. Dotar a un antagonista fuerte durante toda la historia que sucumbe ante una debilidad jamás manifestada, será un golpe bajo para el lector. Créelo como un oponente digno del protagonista.  La forma de ganarle, debe corresponder a su propio nivel.
  • INSPIRESE EN OTROS: ¿Qué villano ha marcado sus gustos? ¿por qué? ¿qué hace que esos villanos sean memorables para usted? Haga una lista de las acciones favorables que ve en ellos (son organizados, son persistentes, son genios, etc.), fracasos, ambiciones, defectos. Intégrelas a su propio villano. Sólo recuerde que un antagonista, manejará un índice de maldad, que corresponda con su personalidad, y la intensidad que tiene la historia. La vecina chismosa que separa a los novios, no tiene por qué ser una sicópata asesina en serie que desea matar a la chica… a menos, que esa sea en realidad, la historia que desea contar.

Estos son algunos de los consejos para poder dotar de personalidad a nuestros antagonistas.
Para concluir con la serie, en la próxima entrega, hablaremos de lo que no debemos hacer con nuestros antagonistas o villanos. Adicional, una sorpresa que será de utilidad a todos para no dejar escapar nada.

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